La gracia significa un favor inmerecido. La paz significa tranquilidad y ausencia de preocupaciones. Cuando recibimos la gracia de alguien y también tenemos paz con esa persona (cónyuge, familia, hermanos, amigos, o compañeros de trabajo), nos sentimos satisfechos, y mientras la disfrutamos deseamos que dure para siempre, sabiendo perfectamente que no será así. Todo en nuestras relaciones parece tener una duración limitada. ¡Pero Pablo no lo veía así!
El apóstol comienza cada una de sus epístolas, desde Romanos hasta Filemón, utilizando la frase de título «gracia y paz a ustedes». (Solo en Hebreos no encontramos tal saludo, y aunque muchos creen que él escribió esa epístola, esta es una prueba en contra).
Es asombroso ver la coherencia con la que Pablo abre sus epístolas utilizando esta frase. De hecho, es más que solo esta frase: utiliza la oración: «Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo». A Timoteo y a Tito (pero no a Filemón) la amplía a: «Gracia, misericordia y paz sean con ustedes». Estas palabras tenían un significado para Pablo que no nos resulta tan evidente. Pablo alababa el hecho de que esta gracia y paz (y misericordia para los ancianos en misión) procedieran de «Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo». No procedían de los hombres y no se desvanecerían, sino de Dios y de Cristo, con garantía de permanencia.
La gracia, en todos estos casos, proviene de la palabra griega Charis (Strong 5485). Significa buena voluntad, bondad amorosa, favor, y cuando se alcanza a la perfección es una condición que proporciona alegría, placer, deleite, dulzura, encanto y belleza. Es el don gratuito de Dios para nosotros; inmerecido por nada de lo que hayamos hecho o podamos hacer. Por ella, tenemos acceso a Cristo, a la justificación, a toda bendición y a la santificación. No hay nada que recibamos de Dios que no sea por gracia. Si pudiéramos recibir todo lo que la Gracia nos ofrece, la habríamos alcanzado perfectamente. ¡Qué don fenomenal es la gracia en sí misma, y qué ricos dones nos trae!
La paz, en todos estos casos, proviene de la palabra griega Eirene (Strong 1515). Significa armonía y concordia entre personas o grupos, y una condición de seguridad, protección, prosperidad, felicidad y tranquilidad. Cuando se alcanza a la perfección, es un estado de tal seguridad y tal satisfacción, que nada más se buscaría ni se desearía. Excluye toda preocupación e incluye todo deseo legítimo.
Que este mensaje impacte nuestros corazones como impactó el de Pablo, y que también oremos así por nuestros hermanos. Aprovechemos plenamente lo que estas palabras nos ofrecen, para recibir en forma completa y permanente todo lo que contienen y aseguran. Que no se vuelvan algo común para nosotros.
Escuchemos esta oración no solo cuando leemos el inicio de las cartas de Pablo de Tarso, sino como si viniera de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo cada vez que nos relacionamos con Él o con nuestros hermanos. No tomemos la gracia de Dios en vano, ni dejemos pasar la paz que sobrepasa todo entendimiento. Recibamos todas las bendiciones que estas palabras encierran.
Acostumbrémonos a saludarnos, si no se puede con palabras al menos que si se pueda en nuestro pensamiento, con: ‘Gracia y paz a ustedes, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo’, y permitamos así que estas palabras produzcan en nosotros el mismo impacto que tuvieron en Pablo.
J. Knapp ©CDMI, Traducido por Bryan Echegoyen ©CDMI